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☐ ☆ ✇ Evidencias Cochrane

¿Cuáles son los beneficios y los riesgos de reducir la presión arterial de forma más intensiva en comparación con el control convencional de la presión arterial después del tratamiento para restaurar el riego sanguíneo en personas con un ictus?

Por: Varela LB · Escobar Liquitay CM · Díaz Menai S · Rodriguez JP · Quarteroni E · Ivaldi D · Burgos MA · Meza N · Garegnani LI — Septiembre 15th 2026 at 11:37

Mensajes clave

  • En los adultos que recibieron tratamiento para reabrir una arteria cerebral obstruida, reducir la presión arterial de forma muy intensiva (en general por debajo de 160 mmHg) no mejora las posibilidades de vivir de forma autónoma 3 meses después del ictus en comparación con los objetivos convencionales de presión arterial (generalmente por debajo de unos 180 mmHg). “Vivir de forma autónoma” significa poder caminar y desempeñar la mayoría de las actividades cotidianas sin ayuda.

  • Es probable que la reducción intensiva de la presión arterial aumente el riesgo de muerte y de mala recuperación tras el ictus. Hubo pocas diferencias en la hemorragia cerebral entre las estrategias de presión arterial intensiva y convencional.

  • La mayoría de las personas de los estudios fueron tratadas en hospitales de países de ingresos medianos-altos y altos con servicios especializados en ictus. No sabemos si los resultados serían los mismos en países con menos recursos o en todos los grupos de personas que sufren un ictus isquémico (con obstrucción del riego sanguíneo).

¿Qué es un ictus isquémico?

Un ictus es una interrupción repentina de la llegada de sangre a alguna parte del cerebro. En un ictus isquémico, la causa es un coágulo sanguíneo que bloquea una arteria del cerebro. Puede provocar diversos problemas neurológicos, como debilidad, disminución de la sensibilidad, falta de coordinación y dificultad para hablar.

¿Cómo se trata un ictus?

El personal médico a veces puede reabrir la arteria obstruida con medicamentos anticoagulantes administrados por vena, o con una intervención para eliminar el coágulo con un tubo fino introducido a través de los vasos sanguíneos (a menudo llamada trombectomía mecánica). Se les llama tratamientos de reperfusión porque restauran el riego sanguíneo al cerebro.

Después de la reperfusión, muchas personas tienen la presión arterial muy alta, lo que puede aumentar el riesgo de hemorragia cerebral. Sin embargo, reducir la presión arterial demasiado o demasiado rápido puede reducir el riego sanguíneo al tejido cerebral que sigue en riesgo y ser perjudicial para el cerebro.

¿Qué queríamos averiguar?

Queríamos averiguar si reducir la presión arterial de forma intensa después del tratamiento de reperfusión, comparado con un control convencional de la presión arterial:

  • mejora la recuperación y la capacidad de vivir de forma autónoma;

  • mejora la calidad de vida relacionada con la salud;

  • mejora la supervivencia;

  • aumenta o reduce la hemorragia cerebral;

  • reduce la duración del ingreso en el hospital;

  • afecta a la frecuencia de otros efectos no deseados.

¿Qué hicimos?

Buscamos estudios clínicos (en los que las personas se asignan a los grupos al azar) que incluyeran adultos con ictus isquémico que hubieran recibido un tratamiento de reperfusión con un medicamento anticoagulante, una trombectomía mecánica o ambos, y se compararon objetivos de presión arterial más intensivos (menos de 160 mmHg) con objetivos convencionales (menos de 180 mmHg) poco después de la reperfusión.

Combinamos y resumimos los resultados de los estudios. También tuvimos en cuenta cómo se ejecutaron los estudios, el número de participantes incluidos y las semejanzas y diferencias entre los estudios para juzgar cuánto podemos confiar en sus resultados.

¿Qué encontramos?

Encontramos 9 estudios con 4381 adultos con ictus isquémico que recibieron tratamiento de reperfusión. La mayoría de los participantes fueron tratados en hospitales de países de ingresos altos, y un número menor en hospitales de países de ingresos medios. Ninguno de los estudios se llevó a cabo en países de ingresos bajos. En la mayoría de los estudios, la estrategia intensiva procuró mantener la presión arterial sistólica (el número más alto al tomar la tensión) por debajo de 140 mmHg, mientras que la estrategia convencional procuró mantenerla por debajo de alrededor de 180 mmHg.

Resultados principales

  • La reducción intensiva de la presión arterial supone poca o ninguna diferencia en las posibilidades de vivir de forma autónoma unos 3 meses después del ictus, en comparación con el control convencional de la presión arterial.

  • Es probable que la disminución intensiva de la presión arterial apenas suponga un cambio en la calidad de vida relacionada con la salud.

  • Las diferencias en la hemorragia cerebral (incluida la hemorragia grave que empeora los síntomas) entre las estrategias intensivas y convencional de control de la presión arterial fueron pequeñas y no estuvieron claras.

  • Es probable que la reducción intensiva de la presión arterial aumente el riesgo de muerte y las probabilidades de tener una peor recuperación tras el ictus.

En general, los resultados indican que es poco probable que reducir la presión arterial a niveles muy bajos después de la reperfusión aporte beneficios adicionales y podría causar efectos perjudiciales en algunas personas, en comparación con mantener la presión arterial dentro de objetivos más convencionales.

¿Cuáles son las limitaciones de la evidencia?

La evidencia tiene varias limitaciones importantes, como la cifra relativamente baja de personas en algunos estudios, que reduce la fiabilidad de los resultados. Además, la mayoría de los participantes fueron tratados en centros especializados de países de ingresos medios y altos; no hay evidencia procedente de países de ingresos bajos. Algunos grupos de personas pueden estar infrarrepresentados (por ejemplo, adultos mayores con muchos otros problemas de salud), y muchos estudios no proporcionaron resultados detallados por separado para las mujeres y los hombres.

Debido a estas limitaciones, los resultados se deben interpretar con cautela. Se necesitan más estudios para determinar si algún grupo concreto de personas podría beneficiarse de distintos objetivos de presión arterial.

¿Cuál es el grado de actualización de esta evidencia?

La evidencia en esta revisión está actualizada hasta marzo de 2025.

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